El Centro Nacional de Memoria Histórica presentó el informe “La desaparición de personas, una autopsia” donde se evidencia el grado de dificultad y complejidad que deben experimentar los colombianos en el proceso de búsqueda de personas desaparecidas a través del seguimiento de varios casos en Caquetá.

Este trabajo se publica hoy 30 de agosto en el marco del Día Internacional de la Desaparición Forzada, acción que durante el conflicto armado colombiano dejó un registro de 80.514 desaparecidos, y de esos, 70.587 siguen sin aparecer.

Se resalta también en este informe cómo una ley transicional puede usarse a favor de encontrar a las personas desaparecidas; expone cómo una entidad articuladora puede sumar y construir para encontrar a las personas desaparecidas en Colombia; y plantea que la reparación necesita una solidaridad efectiva de las instituciones y requiere que las personas afectadas, en lugar de silencio y confusión, sean escuchadas y reciban respuestas claras.

Tras el rastro de los desaparecidos

En el camino de esta investigación, que comenzó en el 2013, fue posible aportar e incidir en la recuperación e identificación de 13 de los 14 desaparecidos en Albania, Caquetá, en el 2001.

Uno de esos casos es el Tito Martínez quien desapareció cinco veces. La primera, hace 17 años, cuando un grupo de autodefensas lo torturó y le quitó la vida junto a otras 13 personas en Albania, Caquetá. Era un joven de 20 años y, a pesar de que su madre lo identificó en un vídeo de una diligencia de exhumación, pasaron 15 años antes de que su familia pudiera recuperar el cuerpo. Ella había muerto para entonces. Esos años que pasó en un cementerio, sin que su familia pudiera recuperarlo, fue su segunda pero no última desaparición. Tito, como tantos otros, se desvaneció por tercera vez en la estructura institucional colombiana.

El sinnúmero de normas y protocolos del sistema han permitido avances en la búsqueda, recuperación, identificación, reparación e investigación judicial, pero también pueden convertirse en un obstáculo y laberinto burocrático. Así sucedió con Tito, cuyo nombre -al igual que su cuerpo- desapareció en el sistema institucional.

La cuarta vendría con la falta de reconocimiento y reparación por parte de los actores involucrados: Tito fue reconocido tardíamente en el sistema de reparación integral, su nombre está en proceso de ser reconocido por los perpetradores y también está en marcha que la Fiscalía lo presente ante los Tribunales de Justicia y Paz.

“La presencia de un tercero o instigador, en este caso el CNMH, permitió reconstruir lo hechos, de la mano de sus protagonistas. Hablaron los cuerpos, las familias, la comunidad, los funcionarios, los perpetradores, los expedientes y el territorio”, explicó Helka Quevedo, investigadora y relatora del informe.