El acto solemne promovido por el Movimiento Ríos Vivos Antioquia busca conmemorar su lucha y restablecer los derechos de centenares de victimas que por décadas a dejado el proyecto Hidroituango sobre el río Cauca.

Durante el encuentro programado los días 1 y 2 de noviembre, los organizadores harán un llamado a la defensa de la vida, porque este año han asesinado a dos de sus miembros: Luis Alberto Torres y Hugo Albeiro George Pérez y otros han sido amenazados; a la tierra, porque muchos tuvieron que desplazarse por la construcción del megaproyecto; al trabajo, porque la comunidad ha tenido que dejar la pesca y el barequeo; a la cultura, porque aseguran que se perdió la relación ancestral con el bosque y el río; a la libertad de asociación y a la expresión, porque dicen que han sido estigmatizados, señalados y discriminados; y a la verdad, porque insisten en que la construcción de la represa obstruye la posibilidad de exhumar los cuerpos y las investigaciones de la Fiscalía avanzan a paso lento en medio de la incertidumbre.

«Cañoneros y cañoneras contra el olvido»

La conmemoración prevista arrancará el jueves 1 de noviembre con un performance en la plaza principal de Ituango y luego llegará al Líbano, junto al río Cauca, donde los participantes pasarán la noche. En ese lugar harán un ritual con barcas y velas, y se reunirán alrededor de una fogata al son de música, poesía y cuentería, una muestra artística histórica para unir fuerzas y seguir trabajando por la memoria y la vida en su territorio.

Un acto para resaltar el riesgo inminente de los 19 municipios afectados por las obras, inundaciones y crecientes súbitas generadas por Hidroituango, en Antioquia. Decenas de personas que vivían en las riveras que se vieron obligadas a abandonar sus casas desde abril, ante una creciente del río Cauca que generó una emergencia ambiental y humanitaria que a la fecha aún no se resuelve.

El rastro de sangre tras la megaobra

Durante una audiencia pública en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, en mayo de 2017, la Fiscalía aseguró que se encontraba investigando 502 casos de desaparición forzada en esta zona (de los cuales apenas tres estaban en etapa de juicio) y señaló, además, que se habían exhumado 159 cuerpos e identificado 85 personas. Pero, según el Movimiento Ríos Vivos, este esfuerzo es mínimo frente al trabajo que queda por hacerse con las víctimas. Por eso, por todos los medios siguen exigiendo que avancen las investigaciones y que, de ser necesario, se desocupe el embalse. Su lucha fue reconocida en septiembre con el Premio Nacional a la Defensa de Derechos Humanos.

En enero del presente año una comisión de abogados, activistas y representantes de organizaciones sociales, recorrió el territorio y advirtió que allí existían fosas comunes con los cuerpos de personas sin identificar y víctimas de desaparición forzada. Llenar la represa, explicaron los integrantes de la misión conformada por el Movimiento Ríos Vivos y el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, causaría «la pérdida irremediable de los cuerpos de las víctimas que se presume que se encuentran en el cauce, la ribera y zonas aledañas al río», pero esas advertencias no fueron atendidas y la tragedia de abril aceleró el llenado del embalse.

Según el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica, entre 1958 y 2018 se presentaron 110 masacres y 2.435 personas desaparecidas en los municipios de la zona de influencia de Hidroituango, entre ellos: Santafe de Antioquia, Liborina, Olaya, Buriticá, Sabanalarga, Peque, Toledo, Briceño, San Andrés de Cuerquia, Yarumal, Ituango, Valdivia, Tarazá, Cáceres, Briceño, Caucasia y Nechí, en Antioquia. Un gran número de esas víctimas, fueron arrojadas en el cañón del río Cauca en medio de las confrontaciones entre los frentes 18, 36 y 5 de las Farc, los bloques Mineros y Metro de los paramilitares, el Ejército y la Policía