Lo único que se oía en el estadio Atanasio Girardot era el golpe de la pelota lanzada por Marco Pérez contra la red del arco norte. Y luego, los gritos de los jugadores del Deportes Tolima, que, contra todo y contra todos, hicieron el milagro. Hicieron trizas los invictos de Atlético Nacional, que era el gran favorito para conseguir la primera estrella de 2018. Después de 14 años y medio, Deportes Tolima, otra vez, es el campeón del fútbol profesional colombiano. Otra vez como visitante, otra vez en desempate desde el punto penalti, como en diciembre de 2003, frente al Deportivo Cali.

En la primera estrella del Tolima, el equipo ganó en Ibagué y perdió en el Pascual Guerrero y al final logró el título. Esta vez lo tenía todo en contra. Pero hizo el milagro: ganó 1-2 y luego hizo gala de la efectividad que ya había tenido frente al Medellín, en esa misma cancha, pero en el otro arco, en sur, la semana pasada, y que el técnico Alberto Gamero había destacado como una virtud del día a día de su equipo.

Decía Juan Manuel Lillo, el técnico que dirigió a Nacional antes de que llegara Jorge Almirón: “Las estadísticas son como las tangas: muestran todo, menos lo más importante”. Decía la estadística que Nacional llevaba 35 partidos sin perder en casa, que había comenzado el segundo juego de la final con 1.024 minutos sin recibir gol en el Atanasio Girardot. Decía, también, que Tolima llevaba seis años sin ganarle en Medellín. Contra todo eso jugó el vino tinto y oro, para forzar el desempate.

Claro, al comienzo Tolima no parecía hacer el planteamiento correcto. Gamero sorprendió al meter como titular a Ángelo Rodríguez, pese a estar lesionado. Líneas muy pegadas, todos muy cerca del portero Álvaro Montero, dándole pelota y espacio a Nacional. Casi como si estuviera jugando a un 0-0 que no le servía para nada. Los verdes metieron un par de sustos y el árbitro Luis Sánchez y el línea Eduardo Díaz se habían equivocado al anular una acción de ataque que terminó en gol de Vladimir Hernández, aunque el portero Montero se quedó esperando el banderazo y dejó seguir la jugada. Los visitantes, nada de nada.

Pero en la segunda parte cambió la actitud. Ángelo se sacrificó para la entrada de Marco Pérez. Y Tolima tuvo también algo de suerte. Sebastián Villa le robó un balón a Alexis Henríquez, que salió mal desde el fondo, mandó la pelota al área y esta se desvió en Jorman Campuzano antes de meterse en el palo que cuidaba Monetti. El 0-1, a los 4 minutos del segundo tiempo, forzaba los penaltis. Adiós al primer invicto: 1.071 minutos sin recibir gol en casa.