No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Romanos 12:17-19

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Todos alguna vez hemos sido, excluidos, ignorados, nos han hecho daño. Al recordar esos momentos, nos invade probablemente la ira y ha pasado por nuestra cabeza, responder a aquellos que nos hicieron daño con la misma moneda. Ese sentimiento de molestia y en consecuencia que motiva la necesidad de revancha en nosotros, es negativo porque nos arrastra a la pérdida de nuestra paz, perturba nuestro espíritu y nos aleja en gran medida, de sanar el alma, perdonar y cerrar de una vez por todas, cada herida.

Lo poderoso de esos sentimientos negativos, es que nacen de forma natural como respuesta al mal que recibimos y por ello resurgen con frecuencia y son difíciles de arrancar inmediatamente del corazón. La sabiduría del Señor a través de sus escrituras nos invita a sobrepasar esos límites que la respuesta natural, de nuestro cuerpo y mente (la ira) produce en nosotros, imitando su compasiva misericordia. En el pasaje de hoy Jesús nos invita a pensar diferente: Ama a tus enemigos. Es de las cosas más complejas y difíciles de la vida, amar a quien nos dañó,

pero el Señor es consciente de nuestro potencial para elegir el amor y el perdón y decir “Dios me Ama y en Él puedo ser instrumento de su compasión, perdón y misericordia”. El Señor reconoce que podemos dar más, y ante esa confianza debemos corresponderle, obedeciendo su palabra, obrando en el bien y sirviendo en su propósito de manera desinteresada. Respondamos a la confianza de Dios en nosotros. Él nos dará la fuerza y voluntad necesarias para sustituir la rabia por compasión, el odio por amor, la revancha por el perdón y la angustia por paz. En Él podemos lograrlo.

Leamos hoy: Lucas 6:35-36

«Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso»

Oremos:

Señor, Dame paz y serenidad en los momentos de angustia, opresión y rabia que otros me han ocasionado. Protege mi corazón de la revancha y la ira. Concédeme la fortaleza y voluntad para convertirme en instrumento de tu compasión, perdón y misericordia. Mira que te lo pido Padre Amado y te doy gracias en el nombre de Aquél Poderoso que multiplicó el pan y los peces. Amén y Amén.

Biblia Promesas – Digitado y Editado por: #julianchomerchan

Favor, Gracia y Paz!