Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios. Salmos 141:3

#Vitamina Espiritual 💊

Uno de los perjuicios más grandes del ser humano es la queja, la queja intoxica tu mente y contamina con amargura agresivamente tu corazón e indispone tanto al que se queja como a todo aquél que la escucha. A veces pensamos que con nuestra queja vamos a ayudar y terminamos sumándonos a aquellos que que promulgan frases como estas “pero es que si nadie dice nada, nunca van a cambiar las cosas” o  “por eso es que estamos como estamos, por quedarnos callados”, como si las palabras negativas pudieran producir cambios positivos. Pensamos que hemos contribuido a algo bueno con nuestra queja, pero en realidad, en lugar de contribuir a cambios constructivos, destruimos la buena semilla que Dios ha puesto en nuestro corazón; nos quejamos porque alguna situación nos genera inconformidad y nos saca de nuestro sitio de confort o porque tratamos de esquivar el problema y evitar solucionarlo, lo que nos hace ser parte del mismo, y no de la solución. Cuanto más te quejas, más te centras en el problema y cuanto más te centras en el problema, más te quejas y además aumentas el grado de frustración e impotencia con la situación. En última instancia, el más perjudicado vienes a ser tú mismo, Salmo 77.3.

Tal vez nadie haga caso a tus palabras, por lo general la queja nunca aporta solución alguna pero si aflicción de espíritu, llena tu corazón de amargura y en vez de despejar los aires para que fluya la armonía y vengan buenas cosas, lo que activas a tu alrededor es un ambiente gris lleno desánimo, porque antes de decirlas las has contemplado y maquinando en tu mente contristando tu corazón y lo más posible es que tu boca no pronuncie bendición, Mateo 12:34. Y cuando las dices, las escuchas y te las crees, tal y como harías con las palabras de alguien en autoridad. Cada vez que las repites, refuerzas el poder que ejercen sobre ti, hasta que acabas tú mismo siendo la víctima de tus propias quejas tal cual como lo dice la Palabra, porque te habrás enlazado en los propios dichos de tu boca.

Leamos hoy: Filipenses 2:14-15 NVI

Háganlo todo sin quejas ni contiendas, para que sean intachables y puros, hijos de Dios sin culpa en medio de una generación torcida y depravada.

Por: #JulianchoMerchán

Bendiciones!