Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Juan 10:27-29

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Esta historia nos hará reflexionar y entender el porqué aveces experimentamos el silencio de Dios. En Escocia ocurre con frecuencia que las ovejas deambulan lejos del rebaño y terminan en las montañas y entran a lugares de los que no pueden salir por sí solas. A las ovejas les gusta mucho el pasto de estas zonas montañosas, ya que es muy tierno. Son tentadas por pastos en el borde de las rocas y saltan de 300 a 400 metros más abajo para llegar a ellos. Pero no pueden volver a subir, así que las ovejas comienzan a llorar a gran voz.

El pastor escucha el llanto de la oveja pero no la socorre por varios días. Entonces la oveja pasa días alimentándose del pasto que está a su alcance. Pero cuando éste se acaba, ya no encuentra más que comer y pierde sus fuerzas y no puede permanecer en pie. Entonces, es en ese momento cuando el pastor con una cuerda, salva a la oveja que se encuentra al borde de la muerte.

¿Por qué el pastor no acude a salvarla cuando escucha el llanto por primera vez? Porque si lo hace, la oveja que es necia y busca solamente qué comer, puede caerse por el precipicio tratando de huir del pastor cuando éste la intenta salvar. Cuando nos encontramos en situaciones que no podemos salir por nosotros mismos, clamamos a Dios por su ayuda, y entonces, Dios nos salva. No te desanimes si quizás el silencio de Dios se hace ausente en algún momento de tu angustia, ya que Él está preparando el momento justo y perfecto de su manifestación para acudir a nuestro clamor; nuestro Dios de misericordia y gracia siempre ingresará en las tempestades para salvarnos.

Leamos hoy: Juan 10:14-16

Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

Por: #JulianchoMerchán

Bendiciones!