Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo. Proverbios 4:20-22

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Así como muchos acuden al médico para realizarse algún análisis para revisar como se encuentra su salud física y al encontrarse alguna anomalía tomar las medidas necesarias y/o iniciar cierto tratamiento; así mismo regularmente debemos examinar nuestra vida a la luz del amor de Dios y de su Palabra, cuando traemos todo lo que somos delante de su presencia, Él nos mostrará que es lo que debemos quitar de nosotros y que es lo que debemos conservar, para glorificarlo. La Escritura hoy nos dice: “Pero cuando se conviertan al Señor el velo se quitará”.

La verdadera conversión al Señor permite que quitemos el velo de la mente y el entendimiento que está cegado por el orgullo, por la dureza de nuestro corazón, la práctica de tradiciones erradas y por la falta de arrepentimiento. A través del Espíritu Santo que está en nuestros corazones, Dios nos da libertad del pecado, podemos ver como en un espejo el reflejo de la gloria de Dios en nosotros. Él quita nuestra pesada carga y nuestra culpa. En Cristo somos libertados para poder vivir conforme a su voluntad. Recordemos “que donde está el Espíritu del Señor, hay libertad”

En la medida en que la verdad de Cristo nos es revelada, su Palabra transformará todo nuestro ser, en la medida en que nuestro conocimiento de Él se profundiza, el Espíritu santo nos ayudará a cambiar, porque el velo, símbolo de nuestra esclavitud y temor, es quitado de nuestros corazones. Acudamos pues al médico de médicos para obtener la receta precisa para la solución a nuestro quebranto y cuidado de una vida sana y libre en Su presencia. Pidamos a Cristo que remueva ese velo que nos impide ver su grandeza, entender su Palabra y disfrutar de su libertad, porque ya no somos esclavos, sino hijos libres para servir a Dios en el Espíritu.

Leamos hoy: 2 Corintios 3:16-18

Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

Por: #JulianchoMerchán

Bendiciones!

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