Mas a todos los que le recibieron, los que creemos en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, sino de voluntad de hombre. Juan 1:12-13

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¡Feliz Navidad!
En los días actuales, la Navidad parece una fiesta de muchos regalos. El único que no está presente es el Señor Jesús, «la razón» de la conmemoración de la Navidad. Las casas están aderezadas de bolas coloridas, las mesas están colmadas de platos sabrosos, por todas partes son encontradas botellas de bebidas, todos se abrazan, cantan y bailan, todo es alegría. ¿Pero dónde está el dueño de la fiesta? ¿Dónde está el Salvador? ¿Dónde está el Señor que nació, vivió, murió y resucitó para darnos vida y vida con abundancia?
Parece que Cristo continúa relegado al pesebre de Belén, lejos de nuestros ojos, de nuestra casa, de nuestras vidas.

Pero no debía ser así. Él es la único más importante de la Navidad, el motivo real de nuestra alegría. La Navidad debe ser conmemorada con Jesús en el pesebre de nuestros corazones, en los colores de nuestra dicha, en la abundancia de nuestra adoración y obediencia. La fiesta es Jesús, la alegría es Jesús, las alabanzas son para Jesús, los abrazos son dados por causa de Jesús.

Que significa tener una “¿Feliz Navidad?” ¿Ganar muchos regalos? ¿Comprar ropas nuevas? ¿Reformar la casa? Todo eso es apenas consecuencia de una “Feliz Navidad”.
Una verdadera “Feliz Navidad” existe cuando Jesús és el Señor y Salvador de nuestras vidas, el iluminador de nuestros lares, el guía de todas nuestras decisiones. Porque más que un pesebre físico es la revelación sobrenatural de Jesús naciendo y reinando en nuestros corazones, eso es tener una “¡Feliz Navidad!”

Leamos hoy: Lucas 2:10-14

Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!

Por: #JulianchoMerchán

Bendiciones!