Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación. Salmos 91:15-16

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7 Victorias que se obtienen a través de la Oración.

4 – Victoria sobre la Ansiedad

Para poder iniciar nuestro tema de hoy debemos entender: ¿Qué es la ansiedad? Se manifiesta como una inquietud, sentimiento de incomodidad, nerviosismo o preocupación. En la porción de la palabra de hoy se reconoce como los momentos o circunstancias donde se genera mucha incertidumbre, afán, angustia y por consiguiente no es extraño que en la vida del creyente surjan momentos de ansiedad. La ansiedad puede ser producida por: 1- Temores (a la oscuridad, a espacios pequeños, a la muerte y otros), 2- inseguridad (no creo que me vaya bien en la entrevista, será que soy capaz?), 3- Escasez (no hay dinero para pagar las deudas del próximo mes), 4 Necesidad y Soledad (necesito una pareja), 5- Reconocimiento (no reconocen mi labor, no me prestan la atención que amerita mi trabajo, no me valoran, etc.), 6- Imagen (que van a decir los hermanos, compañeros, familiares o vecinos), 7- Comparaciones (el hermano está creciendo, prosperando rápidamente y dando mucho fruto, yo no produzco igual) como también la frustración, la impotencia entre muchas otras; si no manejamos adecuadamente los afanes de la vida éstos se convertirán en angustia.

Por otra parte, el apóstol nos insta a no retener nuestra ansiedad, puesto que el retenerla trae consigo varios problemas. El Espíritu Santo nos está diciendo; tan pronto te visite la ansiedad, despójate de ella lo que significa que «esto se debe hacer continuamente». ¿Cómo nos despojamos de la ansiedad? No se logra tomando una pastilla o algún remedio casero, ignorando la situación o echándole la culpa a otro. Nos despojamos cuando: Primero, traemos todas nuestras ansiedades ante su presencia en Oración y confiamos, Segundo, estamos conscientes de la situación y el origen de sus causas, y Tercero, reconocemos que Dios es nuestro Padre y que él es el único que puede ayudarnos a identificar las causas reales y trabajar con ellas para que nuestra ansiedad desaparezca. Nuestro deber es depositarlas frente al trono de la gracia y confiar en que nuestro Padre hará la obra.

Pero, ¿cuántas veces regresamos a buscar la carga que soltamos frente al altar? O sencillamente no la depositamos toda, sino parte de ella. Cuando un médico nos receta un medicamento, para que sea efectivo, tenemos que seguir las instrucciones al pie de la letra. ¿Cuánto más debemos seguir las instrucciones de Dios si Él es el médico de médicos?
Sin embargo, aún cuando crucemos la línea de la ansiedad y nos movamos hacia el afán, Dios tiene provisión para nosotros. “Por nada estéis afanosos; antes bien que vuestras peticiones sean conocidas delante de Dios” (Fil. 4:6) Es decir, no dejes que nada te afane y así mismo nos dice: No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. (Is. 41:10) ¿Cómo se logra? Presentando tus peticiones (Oración) delante de Dios. Hablando con nuestro ayudador para decirle cuál es nuestra situación, qué nos preocupa, qué anhelamos y esperar en Él. ¿Cuál es la formula ganadora? Invocar al Dios viviente, que siempre está presente, no duerme, no calla y su palabra nunca falla.

Leamos hoy: 1 Pedro 5:7-9

echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

Digitado y Editado por:#JulianchoMerchán

Bendiciones!