Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Mateo 13:49-50

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Cuando ora, ¿cómo se acerca a Dios? Muchos cristianos visualizan a un ser santo y justo, y se dirigen a Él con sentimientos de temor, indignidad y reserva. Por otro lado, otros creyentes imaginan al Señor como un amigo más, y hablan con Él con poca reverencia.
Ninguna de estas actitudes es saludable. Nuestras mentes finitas no pueden comprender plenamente que Dios es tanto santo como misericordioso. Veamos primero el lado santo del Señor, generador de temor reverente.

Si consideramos la fuerza de la naturaleza que Dios creó y los asombrosos milagros que ha realizado, es más fácil visualizar el increíble poder del trono celestial. El templo del primer siglo tenía un área llamada el Lugar Santísimo, donde residía la presencia de Dios. Solamente el sumo sacerdote podía entrar, y eso en días específicos, después de la limpieza y preparación del ritual. Si él no se preparaba de acuerdo con las normas sagradas, era herido de muerte.

Estar en la presencia de Dios requiere obediencia. De hecho, debido a la absoluta santidad y perfección del Señor, Él no puede tener comunión con la pecaminosidad, que es la condición de toda la humanidad (Rom 3:9). Por consiguiente, cada uno de nosotros es culpable y merece la condenación, no olvidemos que un día no muy lejano vendrá y separará con sus ángeles a los buenos de los malos. Pero, por fortuna, Dios no nos dejó desvalidos, sino que por su amor y su gracia envió a su Hijo para que fuera nuestro Redentor y a tiempo pudiésemos cambiar el curso de nuestra eternidad.

Leamos hoy: Mateo 25:31-33

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

Por: #JulianchoMerchán

Bendiciones!