Diles, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, Dados Jehová de los ejércitos, y Yo volveré a vosotros, ha dicho el idioma de los ejércitos. Zacarías 1:3

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El temor es la otra cara de la incredulidad. El pueblo de Israel, que estaba en cautiverio, sentía gran temor porque, en lugar de ver a Dios, veía las circunstancias. Dios creó al hombre y al universo, y es poderoso para salvar a Israel. Sin embargo, Su pueblo olvidó que Él es el creador y teme el furor del que aflije cuando se dispone a destruir. Dios promete salvación íntegra, que va más allá de una simple libertad, porque conlleva protección, guía, provisión y bendición. Nada ni nadie podrá separarnos del amor de Dios, porque somos más que vencedores por medio de Aquél que nos amó (Ro. 8:37-39). Cuando recordamos quién es nuestro Dios y confiamos en Él, se disipa todo temor hacia el mundo.

Leamos hoy: Isaías 51:12-16

Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno? Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor, que extendió los cielos y fundó la tierra; y todo el día temiste continuamente del furor del que aflige, cuando se disponía para destruir. ¿Pero en dónde está el furor del que aflige? El preso agobiado será libertado pronto; no morirá en la mazmorra, ni le faltará su pan. Porque yo Jehová, que agito el mar y hago rugir sus ondas, soy tu Dios, cuyo nombre es Jehová de los ejércitos. Y en tu boca he puesto mis palabras, y con la sombra de mi mano te cubrí, extendiendo los cielos y echando los cimientos de la tierra, y diciendo a Sion: Pueblo mío eres tú.

Por: #JulianchoMerchán

Bendiciones!