Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas. Mateo 18:35

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Y continuando con el tema del perdón podemos decir que si queremos una descripción detallada y grandiosa sobre el perdón, está en la cruz, y no esta en nosotros. Mientras Jesús sangraba y moría agonizando en la cruz del Calvario, oró al Padre:
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. ¿Cómo podría Jesús pedirle al Padre que perdonara a los que le estaban haciendo algo tan malvado?
Jesús mismo dijo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os maltratan. Eso implica que perdonamos a los que nos aborrecen y nos persiguen.

Dios nos perdonó en Cristo, aunque ninguno de nosotros lo merecía. Fue solamente por amor que Dios fue movido a actuar en nuestro favor, dando vida a un cadáver, cautivo por el enemigo. No había nada especial en eso. Éramos “hijos de ira, así como los demás”, pero Dios nos amó e hizo algo por nosotros.
Déjame preguntarte: ¿Cuántos de nuestros pecados estaban delante de nosotros en la cruz?

La respuesta es: ¡Todos! Dios nos perdonó en Cristo, así que debemos perdonar a otros de la misma manera. El perdón fue dado en amor y debemos actuar en amor al perdonar a otros. Jesús manda que pidamos perdón y oremos a Dios para que “nos perdone nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. En tal virtud Dios nos insta al ejercicio del perdón como reflejo de su amor para con nosotros y de nosotros hacia nuestro prójimo, así que hagamos a un lado todo aquello que nos detiene a perdonarnos, a recibir perdón y a perdonar.

Leamos hoy: Mateo 6:14-15

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Por: #JulianchoMerchán

Bendiciones!