Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Juan 15:13-14

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Imagina lo siguiente supongamos que usted está sentado en una silla eléctrica para ser sancionado con la condena a muerte por el delito cometido. Segundos antes que el verdugo presiona el botón, Jesús grita diciendo:  «¡Alto!,  ¡yo recibiré esta condena en su lugar!»  El verdugo suelta la cadena que lo ataba y luego de sentar a Jesús en la misma silla, le causa  su muerte.  Y verdugo le dice:

«Ahora, usted es una persona libre. El pago del pecado ha sido saldado. «Jesús murió en nuestro lugar porque Dios es un juez justo. Fue por la muerte de Jesús,  quien recibió el castigo en lugar nuestro por nuestros pecados, que nos ha dado la libertad de esta terrible condena.  La asombrosa justicia sin perdón de Dios fue satisfecha de manera completa en la Cruz. Si creemos que podemos reconciliarnos con Dios de otra manera, entonces estaremos engañándonos a nosotros mismos y subestimando la naturaleza pecaminosa de rebelión.  Lo esencial de la vida del cristiano no es ir a la iglesia, aprender a orar, leer la Biblia, formar una hermosa familia, ofrendar, disponer de tiempo para servir, patrocinar las organizaciones sociales y hacer de este mundo un mejor lugar para vivir. Esto constituye la ética de la vida religiosa. Y no es que estas cosas en sí sean inadecuadas o malas, sino que si pensamos que esas cosas son las que nos van a restaurar nuestra relación para con Dios, estamos incurriendo a un error en la fe.  Nosotros debemos recibir con fe el regalo que Cristo nos dio en la cruz y creer que Jesús pagó el precio recibiendo el castigo en lugar nuestro y que la justicia de Jesús constituye nuestra justicia.

Leamos hoy: Filipenses 2:5-11

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Por: #JulianchoMerchán

Bendiciones!