En el día que temo, Yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre? Salmos 56:3-4

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Hoy quiero compartirles ésta historia que  me encantó y se llama:

El niño que no abrió su mano

Sucedió que un niño de cuatro años metió su mano en un costoso florero y no pudo sacarla de allí. La madre tampoco pudo sacar la mano del niño. Intentó arrimar el florero pero fue inútil. Siguió intentando con jabón, pero como la boca del florero era tan angosta, no lo logró. Pues no le quedó otra que resignarse y calmar al niño. “Pronto va a venir papá y te va a quitar la mano”.

Podría haber roto el florero, pero era impensable ya que éste era un tesoro hereditario de varios años. Cuando llegó el padre a la casa, se encontró con el niño asustado y su esposa preocupada. El padre, luego de pensar, decidió romper el florero. Al martillarlo, el costoso florero comenzó a quebrarse y cuando se rompió, los padres asombrados se dieron cuenta de que el niño tenía el puño cerrado. “¿Todo ese tiempo tenías el puño cerrado?”, pregunto el padre al hijo. El niño llorando le afirmó con la cabeza. Entonces la madre preguntó cariñosamente, “¿Puedes decirme porqué lo hiciste?” Entonces el hijo les respondió; “Es que había una moneda adentro”, y abriendo su mano les mostró la moneda.

Al no abandonar el niño, la moneda, los padres tuvieron que romper el tesoro hereditario. Lo mismo nos puede pasar cuando no queremos renunciar algo que aparentemente nos parece, ser lo más grande, importante y valioso que hallamos encontrado y sin darnos cuenta nos puede obligar a perder un tesoro más grande que hay a nuestro alrededor y a ser aún egoístas con nuestra propia familia, y peor aún nos puede pasar si nosotros no abrimos nuestras manos hacia Dios. Cuando Jesús oró para que se hiciera la voluntad del Padre y no la de Él, estaba abriendo sus manos hacia Dios entregando hasta Su vida.

Leamos hoy: Isaías 26:3-4

Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos.

Por: #JulianchoMerchán

Bendiciones!