Por primera vez desde la Constitución de 1991 el voto en blanco llegó a los 808.291 votos. Sin embargo, frente a la votación general representa solamente el 4,20%, por lo que se convirtió en una expresión con poco peso.

En ese sentido, Enrique Serrano, profesor de Ciencia Política de la Universidad del Rosario, asegura que el voto en blanco no representa un factor importante en la lógica política colombiana, aunque su participación creció.

“Esto responde a que algunos votantes no se sentían identificados con ninguna de las dos opciones. Es natural que exista una dosis de personas que no están con los candidatos que pasan a segunda vuelta, debemos acostumbrarnos a eso. Aunque sabemos que esta casilla nunca va a ganar, puede que aumente su participación en próximas elecciones”.

Esta vez el blanco contó con el impulso de varios de los que no ganaron en primera vuelta. El primero en anunciar su negativa para apoyar a Gustavo Petro Iván Duque fue Humberto de la Calle, el excandidato del Partido Liberal, quien aseguró: “dije en serio que ninguna de las dos vías que se abren a los electores me parece óptima. Votar en blanco es simplemente una decisión coherente con mis afirmaciones”.

Por otro lado, Sergio Fajardo, la tercera mayor votación en la pasada primera vuelta, aseguró que “el voto en blanco permitirá mantener una independencia, respetuosa y constructiva, frente al Gobierno que venga. Será fundamental para reconciliar a Colombia en el largo plazo, así por un momento de campaña suscite algún insulto”. Además puntualizó que considera que ni Duque ni Petro “han mostrado un camino a una paz que permita unir” al país.

Si el voto en blanco ganaba en primera vuelta por la mitad más uno, la elección debía repetirse con otros candidatos. Sin embargo, ese escenario quedó invalidado y en esta segunda vuelta esa tercera casilla se convirtió en una expresión de inconformismo frente a quienes terminaron en la contienda final, pues, así hubera ganado no tendría ningún efecto.

En la pasada primera vuelta los votos en blanco fueron 341.087 (1,76%), una cifra menor frente a los 19 millones 636 mil 714 colombianos que asistieron a las urnas. Sin embargo, la opción no puede ser desechada. En la Ley 1475 (reglamentación de la reforma política) el voto en blanco es una expresión “de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos”, es decir, una manera de protestar.

La casilla del voto en blanco nunca ha obtenido grandes votaciones, por ejemplo, en la primera vuelta de 2010 logró 223.977 votos (1.54%). En segunda, pese a que creció , solo alcanzó 445.440 (3.41%).

En el 2014, esta votación aumentó pero siguió siendo baja, en primera vuelta obtuvo 740.496 votos (6.03% del total) y en segunda 619. 396 escaños (4.03% del total).

Patricia Muñoz Yi, analista en Ciencias Políticas de la Universidad Javeriana, asegura que “pese a que es una casilla sin ningún efecto jurídico, es un voto simbólico de protesta para enviar un mensaje: ninguna de las dos opciones me gusta. Considero que siempre será importante que los ciudadanos tengan la posibilidad de manifestarse y no necesariamente por un candidato”.

Agrega que pese a no tener efecto, es válido que votar en blanco tenga un efecto “sin embargo, si tenemos en cuenta los registros históricos este tipo de voto nunca ha tenido la capacidad de hacer repetir el proceso electoral como dice la norma, pero el hecho de que no haya pasado no quiere decir que no tenga un valor para el ciudadano que busca opciones diferentes”.

Durante la campaña y luego de la primera vuelta no hicieron falta las voces que pedían eliminar la casilla del voto en blanco del tarjetón. El magistrado del Consejo Nacional Electoral, Armando Novoa, planteó ante la entidad eliminar esta opción por no tener ningún mandato, según dijo, el artículo 258 de la Constitución dice que en caso de que ningún candidato obtenga la mayoría en primera vuelta se hará “una nueva votación (…) en la que sólo participarán los dos candidatos que hubieren obtenido las más altas votaciones”.

Las urnas ya dictaron la última palabra, aunque el voto en blanco obtuvo un resultado alto frente a otras elecciones, los 808.368 sufragios no resultan significativos frente a los más de 18 millones que se definieron entre Duque y Petro. No obstante, el blanco refleja un planteamiento democrático a tener en cuenta.